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¿Qué turismo queremos para nuestras islas?

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Por mi actividad profesional he tenido contacto con empresas del sector turístico en toda su cadena de valor (desde agencias de viaje hasta compañías aéreas, pasando por cadenas hoteleras, touroperadores, etc.). Empresas grandes y pequeñas, de capital nacional o de propiedad internacional establecidas en Baleares… En todas ellas, a pesar de tener a veces intereses empresariales distintos, me han trasladado su opinión sobre qué aspectos ayudarían a mejorar o fortalecer este sector. Expondré tres de estos aspectos que considero clave para que en el futuro el turismo siga aportando a la economía nacional, en general, y balear, en particular, más valor del que ya viene aportando.

En primer lugar, el sector privado y las administraciones públicas han realizado un esfuerzo inversor en muchos ámbitos (infraestructuras, imagen, internacionalización) y han demostrado las bondades de la cooperación público-privada, pero aún existe una asignatura pendiente que ambas partes deben abordar. La dispersión regulatoria en materia turística derivada de la descentralización política-administrativa y las trabas burocráticas, generan hoy lentitud en los procedimientos administrativos (obtención de permisos, licencias...) y esto debe corregirse de inmediato. Hay que armonizar la legislación nacional y eliminar procesos ineficientes. De esta forma evitamos atascos en la actividad diaria e incentivamos a empresarios e inversores extranjeros a seguir o iniciar negocios relacionados con el turismo.

En segundo lugar, la formación técnica y profesional de los recursos humanos. Se ha iniciado camino en este sentido pero ha de haber un impulso inmediato para conseguir un personal lo más preparado posible y consciente que un factor clave del éxito de un destino radica en la calidad del servicio que presta a sus clientes. Empleados más preparados merecerán más salario, darán mejor servicio y esta mayor calidad podrá repercutirse en precio al cliente que a gusto pagará ese mayor valor recibido. Automáticamente la productividad y la rentabilidad se verán beneficiadas. Destinar recursos para las personas no es un gasto es una inversión. Aquí también el sector público podría diseñar para el sector más aspectos incentivadores. Si queremos turismo no low cost no debemos ofrecer servicios low cost.

Tercer aspecto, la sostenibilidad de la actividad turística en el medio y largo plazo. No solo me refiero a temas medioambientales, que en este sector se ha trabajado mucho y bien. Me refiero a la elevada concentración de demanda nacional e internacional, que pone de manifiesto problemas de masificación turística, en concreto, los relacionados con el medio urbano y el funcionamiento del entorno turístico en temas como abastecimiento de agua, tráfico y movilidad, saturación del espacio público, deterioro de la convivencia entre residentes y turistas, etc. Factores que afectan la calidad de la experiencia turística y que restan atractivo al destino. Aprovechemos la posición en el mercado y pongamos en valor las condiciones de un destino consolidado y cualificado, frente a estrategias basadas en el incremento anual de la cifra de visitantes.

Hace tiempo que nuestros destinos y nuestras empresas turísticas ocupan los primeros puestos en rankings del sector (competitividad, número de visitantes, calidad del destino…), pero más importante que haber llegado es mantenerse. Para ello, y ahora que el viento sopla a favor, adoptemos medidas y reformas que hace tiempo que se reclaman.

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