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La reestructuración económica mundial, por Tomás Méndez

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España y Europa no se enfrentan ahora solamente a las consecuencias de una Gran Recesión, sino también a fuerzas profundas que están cambiando el papel de Europa en el mundo, empujadas por la globalización y por la revolución digital. El mundo está cambiando de forma drástica, afectando a mucha más gente que nunca en la historia, y este cambio se está produciendo a una gran velocidad, empeorando el empleo y las condiciones de trabajo en Europa, con la desaparición de sectores productivos enteros y afectando a numerosas zonas geográficas que quedan fuera de las nuevas formas productivas.

La globalización, con la práctica eliminación de barreras económicas entre países, permite que la división del trabajo, la especialización y el comercio se realicen a escala mundial. La globalización genera fuerzas que tienden a crear una Única Fuerza de Trabajo Mundial, ya que a través de los movimientos migratorios y de capital permite que los trabajadores consideren sus posibilidades de empleo a nivel mundial, no como antes a nivel local o nacional. Los avances en los medios de comunicación y en los de transporte le permiten conocer y acceder donde estén las mejores condiciones de trabajo y de nivel de vida. La globalización tiende a crear también una Única Demanda de Trabajo Mundial ya que las empresas pueden demandar trabajo en cualquier país a través de la deslocalización y la externalización.

Con la deslocalización numerosas empresas están trasladando sus plantas productivas a Asia , este de Europa, América latina (es el caso de Balears) y África, debido a los menores salarios y mayores facilidades de fiscalidad y de regulación laboral.
Actualmente la deslocalización supone pérdidas inmediatas de empleo para países con salarios relativamente más altos y formación poco especializada, lo que desgraciadamente está llevando en España a reformas laborales que permiten reducciones salariales y peores condiciones de empleo y a un periodo difícil de adaptación, ya que el empleo que se destruye en las industrias maduras es mayor que el empleo que las nuevas industrias son capaces de crear. Con la externalización y gracias a la revolución digital, muchas empresas usando la facilidad de comunicación en tiempo real y a bajo coste que permite internet pueden externalizar en cualquier lugar del mundo una gran cantidad de trabajo de oficina. Los efectos sobre el trabajo administrativo, de marketing, en educación, en sanidad, etc. afecta de forma creciente a los empleos de cuello blanco de la clase media española y europea.

Además tenemos el inconveniente de que los empleos nuevos no son fácilmente accesibles a los parados de industrias maduras obsoletas y que los necesarios procesos de reciclaje son difíciles de realizar especialmente para las personas poco preparadas, para aquellos que el cambio les llega en la madurez, para los que tienen obligaciones familiares que les impiden la movilidad y también para aquellos que no tienen presión para reciclarse, acostumbrados a vivir del seguro de paro o de la jubilación anticipada. Toda una generación se siente hoy amenazada en este mundo nuevo. Incluso los que tienen empleo ven que estos empleos se están transformando rápidamente y que el cambio económico los está convirtiendo en obsoletos. En esta reestructuración unos son ganadores y otros perdedores. A medida que la economía se hace global una estrella del deporte o del espectáculo o innovadores tecnológicos pueden recibir ingresos astronómicos, y también científicos, altos ejecutivos de empresas con éxito, grandes profesionales y especialistas en muchos campos, mientras que aquellos poco especializados o con empleos protegidos o en industrias obsoletas perderán y se rebelarán política y socialmente contra los nuevos tiempos. Pero también podemos ser ganadores. Crear cosas nuevas, hacerlas de otro modo requiere cambios en nuestra mentalidad, valores y costumbres y otras cosas que desarrollaremos en el próximo artículo.

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