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La poesía conquista la ciudad liderada por el Poetry Slam

De izquierda a derecha, Alba Ripoll, Toni Bauçà, James Mieles, Tomeu Ripoll y María Guasp, un variado grupo de slammers frente a la Catedral, en Palma. g Foto: M.A. ANTICH

| Palma |

La poesía ha vuelto a invadir las calles de Palma. Se escuchan estrofas en el interior de bares y museos, ecos de voces que ansían expresarse mediante rimas asonantes y versos alejandrinos. El ruido generado por el Poetry Slam resuena como un ejército apunto de conquistar la ciudad.

Hace ya cinco años que llegó a la Isla este nuevo modo de hacer y recitar poesía, uno que tiene como esencia la interacción con el público y la mezcla de las dotes poéticas con las interpretativas. Los seguidores definen el Poetry Slam como «democrático», ya que permite que personas de cualquier edad, sexo, nacionalidad y oficio se expresen. Muchos han encontrado en esta tendencia una forma de dar rienda suelta a sus pasiones. Entre ellos, Tomeu Ripoll, James Miele, Toni Bauçà, María Guasp, Daniel Martínez y Alba Ripoll.

Actualmente están agrupados a modo de asociación, de la que Tomeu Ripoll es el presidente, Annalisa Marí la vicepresidenta, James Miele el tesorero e Irene la Sen como secretaria. Además, está considerado colectivo colaborador del Museu Es Baluard de Palma, que habitualmente sirve de escenario para estos recitales.

Tomeu Ripoll, presidente de Poetry Slam Mallorca, es un habitual de los certámenes desde el principio. «Es un formato de recital más divertido y dinámico, en el que todo el que tenga algo que decir puede participar. Si bien es cierto que no todos van a tener el talento necesario para ganar competiciones o llegar a las finales», apunta. «Todo comenzó con un slam cada dos martes en un lugar en el que cabían treinta personas apretadas, pero que se llenaba siempre. Ahora ha cogido mucha fuerza, y empresas de espectáculos se han empezado a interesar al ver el tirón que tiene».

Competiciones

Para participar en una competición de Poetry Slam es necesario presentar una obra propia de tres minutos o menos, sin hacer uso de disfraces o instrumentos. El público es el jurado, y se reparten cinco pizarras al azar entre los asistentes. Cada uno de ellos emitirá un veredicto, y se retirarán la mayor y la menor nota para evitar favoritismos. Entre las tres restantes se hará la media, y esa será la puntuación final del participante.

«La palabra es más importante que los puntos», sentencia James. «O debería serlo», matiza Toni, «El ganador debería ser secundario, lo importante es pasar una buena velada y compartir la experiencia». «La verdad es que entre nosotros hay muy buen ambiente y respeto. El público se indigna más que nosotros mismos», apunta Tomeu.

Al margen de las competiciones, estos poetas urbanos se unen para recitar en sus puntos de encuentro habituales, como son Es Baluard, Sa Fonda o el Café a Tres Bandas.

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