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Crónica

Violadores, en el Arena a ritmo de rap

El cuarteto maño brindó un set lleno de sonido y vigor recreando sus nuevos cortes, así como sus ya clásicos de antaño

NICO BRUTTI
Violadores del Verso no es puro cuento. La banda zaragozana hizo saltar, corear y acompañar a las más de dos mil almas que asistieron anteanoche al Palma Arena. El cuarteto, integrado por Kase.O, Lírico, R de Rumba y Sho Hai, no se anduvo con vueltas. Al tajo directamente.

Con el «puta madre» a flor de piel y el «cómo está Mallorca, familia», se metieron en un segundo, -ni falta que hacía-, a la gente en el bolsillo. Curraron más de dos horas, brindando lo mejor de sí, que es y mucho, dando espectáculo, tanto visual como auditivo, divirtieron y se divirtieron, algo que suele suceder casi siempre en sus conciertos, y ofreciendo siempre un poco más. Arrancaron casi a las once menos cuarto, después de dejar atrás a Lytos y Talegueros, encargados de calentar el ambiente. R de Rumba, nomás de salida, licuó, -sampleando con su enérgica colección de vinilos y bases rítmicas en la bandeja-, jazz del bueno, mezcladito con su otra música, el hip, el funk. Aparición de Sho Hai, Lírico y Kase.O rapeando a mansalva. Acompañados los cuatro por una pantalla y luces, con una cámara fija en los platos y el visionado en simultáneo, en sincro con la canción que rapeaban, el espectáculo tomó densidad y consistencia.

Vivir para contarlo, la excusa de los zaragozanos para llegarse hasta Ciutat, fue el centro de atención: A las cosas por su nombre o Zombies. Disfrute general del público, también entreverados, -a los conciertos de los Violadores aportan gente del palo rockero y metalero-, unas veces manos en alto y otras dando saltos, ambiente de fiesta y buen sonido marcando la noche.

Esos cortes fueron mezclados con otros de trabajos anteriores, como en Mierda, Filosofía y Letras, La ciudad nunca duerme (una pintura, un fresco fenomenal de la cultura urbana) o Vicios y Virtudes. Para el final (el primero de ellos) dejaron Vivir para contarlo.

Destilando calle y seguridad, los chicos de Zaragoza se dieron hasta el lujo de aleccionar a la multitud con un baño de respeto, tolerancia a lo diferente y buena onda. Un set lleno de sonidos, de música, algunos dicen que es lo más parecido a algo en estado puro, y palabras. Muy, pero que muy bien puestas.

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