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«El cabaret ya forma parte de la idiosincrasia de todos los pueblos»

El artista Moncho Borrajo presenta en el Auditòrium su último trabajo, «España Cabaret»

Moncho Borrajo, uno de los humoristas más emblemáticos del teatro español, estará este fin de semana en el Auditórium.

JAVIER J. DÍAZ

A Moncho Borrajo se le podría considerar como el 'rey de la burla' aunque más bien le pega ser un 'cortesano del humor'. Prefiere un pequeño escenario a un gran teatro. Escribe poemas, pero todavía no los publica. Adora a los niños, pero aún no les ha dedicado una obra. De momento, sigue mostrando su versatilidad sobre las tablas. Este semana le toca al Auditòrium de Palma. «España Cabaret» está a punto de abrir sus puertas.

-Las historias sobre cabarets, ¿todavía interesan al público?
-Sí. Forman parte de la idiosincrasia de todos los pueblos. Es un elemento sencillo, pero, a la vez, uno de los más difíciles de hacer porque no hay ningún truco, es todo real.

-¿Dónde reside el éxito de este tipo de espectáculos para que sigan vigentes en pleno siglo XXI?
-Básicamente, en tres apartados. En primer lugar reúnen lo prohibido, ya que nunca estuvo bien visto. También lo atractivo, porque comenzaba por la noche y podías tomarte una copa, no como en un teatro. Y por último, lo fresco, porque eran actrices que querían triunfar o viejas glorias que ya habían saboreado el éxito.

-¿«Cabaret España» es una obra nostálgica?
-No. Es una burla del cabaret. Habla de lo que pasaba en estos clubes antes, pero con las cosas de ahora.

-Los personajes de la obra, ¿son más de cabaret o de revista?
-Es una mezcla. Hay momentos que son totalmente de revista, pero luego hay otros que son de cabaret. El comienzo es muy cabaretero, con bastantes referencias a los años 50, 60 y 70, pero también hay constantes referencias actuales.

-¿Ha sido difícil no caer en los tópicos de los cientos de obras que ya se han hecho sobre esta temática?
-Sí. Realmente, lo que pretendíamos era hacer un producto fresco y no caer en lo chabacano. Así se puede ser un rato, pero no toda la función.

-¿Qué tal ha sido trabajar con una vedette mallorquina?
-Un lujazo. Eloísa Martín es una mujer muy disciplinada, pero, sobre todo, sabe centrarse y aprender. Todo lo que le dices lo da por sabido. En ocho meses no hemos tenido ni un problema.

-¿Aún no está cerrada la polémica con Rosa Valenty?
-No. Habrá que esperar a ver lo que dicen los jueces. Pero los malos tratos no existieron en ningún momento. Rosa Valenty nos denunció por despido improcedente. Si el juez le da la razón y hay que pagarlo como tal, se pagará.

-¿Qué le da el público de Mallorca para que venga tan a menudo?
-¡Me encanta! Y mira que tiene fama de ser serio y seco, pero conmigo no es así. Tiene su carácter, pero a mí ya me conoce. Se pudo haber asustado la primera vez, pero ya no. Prefiero visitarlo en esta época porque viene más a verme. En plena temporada alta es más difícil que venga. Aquí me siento como en casa, son muchos años. Paseo por las calles de Palma y hablo con la gente. Les demuestro que no soy un famoso intocable, soy un famoso tocable.

-Con el paso de los años ¿se ha vuelto más polifacético?
-Sí. He aprendido a aprender de todos. Me gusta más ser aprendiz de muchos que maestro de nadie. El que se cree maestro deja de aprender.

-¿Sigue con su otra pasión?
-Sí, sigo pintando y haciendo fotografías. Llevó más de 100 exposiciones. También escribo poemas. Cuando tenga más tiempo, editaré un libro con ellos.

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