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«En poesía, es muy fácil caer en el discurso vacío y carente de sentido»

C. DOMÈNEC|BARCELONA

El manacorí Josep Lluís Aguiló presentó el miércoles en la sede de la editorial Proa en Barcelona su poemario «Monstres», premio Ciutat de Palma Joan Alcover 2004, editado por la mallorquina Moll y la catalana Proa. El premio da acceso a una doble publicación por parte de las dos editoriales, que permitirá aumentar la distribución en Catalunya de los libros producidos en Mallorca.

El volumen presentado recorre la tradición de los monstruos a través de la literatura mitológica clásica, la tradición romántica y una serie de seres de creación propia. El autor aclaró que «estas tres partes corresponden a la infancia, madurez y senectud», y añadió que «los monstruos nos acompañan siempre, desde pequeños, aunque a medida que envejecemos nos creamos los nuestros propios». Aguiló aseguró que «los monstruos son un espejo del alma, ya que nosotros somos el reflejo de lo que tememos».

Los monstruos de Aguiló «son a menudo entrañables y procuro que transmitan tragedia, comedia y drama». El poeta plasma con un estilo claro su gran exigencia literaria. Entre su primer libro publicado en 1986 con 17 años, «Cants d'Arjau», y el segundo han pasado 18 años aunque en los dos últimos años, ha sacado a mercado tres trabajos: «La biblioteca secreta», «L'estació de les ombres» y «Monstres».

En poesía, para el autor, «es muy fácil caer en el discurso vacío y carente de sentido, poner palabras de más o versos de relleno, que es lo que he querido evitar a toda costa». Aguiló manifestó que «la literatura debe invitar al disfrute o no es literatura». Dedicado a la dirección de marketing y aficionado a la literatura clásica, comentó que «soy un lector compulsivo, leo siempre que no trabajo».

Para Aguiló, la gran cantidad de escritores de Manacor, se explica por «la inquietud literaria de autores en los años 50 como Miquel Àngel Riera, Jaume Vidal Alcover o Guillem d'Efak». Aguiló recordó de Riera que «siempre tenía las puertas abiertas a los nuevos autores», y explicó que «una persona verdaderamente enamorada de la literatura consigue infundir más coraje para escribir que las instituciones».

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