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«Llegar a mi edad y que me llamen galán es el mayor elogio que puedo recibir»

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Arturo Fernández vuelve a enfundarse el traje de galán para interpretar «Esmoquin 2» en el Auditòrium. El eterno truhán del cine español representará la secuela de su última obra desde hoy hasta el domingo en la Sala Magna. El actor, que se hizo popular por llamar cariñosamente «chatina» a las mujeres y por vestir siempre de punto en blanco, estrena esta noche una comedia que califica de «divertida», con un «argumento novedoso» y repleta de «diálogos inteligentes». En ella se relata la difícil convivencia entre dos hombres (Fernández y Fabio León) a los que sus esposas (Amparo Climent y Paula Martel) dejaron hace un año, razón por la cual decidieron irse a vivir juntos. Pero ahora ellas han vuelto para ver cómo les va a sus ex maridos sin su presencia.

El que fuera intérprete de la popular serie televisiva «La casa de los líos» se ha embarcado en una comedia que va de «sorpresa en sorpresa» y que consigue «que el espectador se sienta identificado», según señaló Fernández. Sin embargo, también dijo no sentirse encasillado en el papel de eterno galán. «Llegar a mi edad con este cartel es uno de los mayores elogios que puedo recibir, sobre todo porque mis personajes siempre han sido de perdedores», recordó Fernández. De hecho, se jactó de interpretarlos explicando que «si lo que haces lo haces bien, no elijas más».

A Fernández no le pesan sus 62 películas como protagonista. «He estado muy ausente del cine últimamente pero es que no lo hecho nada de menos, aunque empiezo a rodar en breve una cinta con Gabino Diego», apuntó Fernández. Sobre su paso por la pequeña pantalla en los noventa matizó que le sorprendió bastante la experiencia. «La tele me ha dado una popularidad increíble. Pensaba que era un actor conocido pero cuando empecé a rodar me di cuenta de que no era así», sentenció el intérprete de «Bahía de Palma». De hecho, la última vez que Fernández vino a la Isla fue hace unos cuatro años al cumplirse el XXX aniversario del rodaje de esa cinta. Fernández concluyó vanagloriándose de poder ser el único actor del cine español que tiene una compañía y que nunca ha pedido una subvención.

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