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Cristóbal Serra: «No soy un escritor realista, esto es obvio»

El autor recopila en «El don de la palabra» sus mejores textos

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El escritor mallorquín Cristóbal Serra ha recopilado en el libro «El don de la palabra» (Cort, 2004) sus mejores textos, abarcando un período que se inicia con «Péndulo» (1957) y prosigue hasta «El asno inverosímil» (2002).

«Se trata de dar una muestra equilibrada de lo que ido haciendo todos estos años, aunque aquí no he puesto nada de 'Efigies', ni de 'Antología del humor negro' ni del 'Diccionario de Blake'», dice el autor desde su entrañable casa de Palma.

Serra asegura que ha hecho un «esfuerzo selectivo para que cada uno de mis libros estén representados fragmentariamente, lo que da una idea general de mi obra a través de los años». Asegura que «para ello he seguido el orden cronológico, aunque he incluido 'Retorno a Cotiledonia' (1989) justo después de 'Viaje a Cotiledonia'(1965). Hay un gran salto temporal entre las dos obras». Otros fragmentos seleccionados son los de «Diario de Signos» (1980), «La noche oscura de Jonás» (1984), «Con un solo ojo» (1986), «Augurio hipocampo» (1994), etc...

La editorial Bitzoc, y después el Círculo de Lectores, editaron la antología «Ars Quimérica», en la que ofrecía toda la obra de creación del autor hasta 1995. Pero a partir de esta última fecha, Serra volvió a ser prolífico en la creación literaria, escribiendo títulos como «Visiones de Catalina de Dülmen», «Las líneas de mi vida», «Itinerario del apocalipsis» y el ya citado «El asno inverosímil». Lo mejor de estos libros ahora se ha incluido en «El don de la palabra».

Serra ha sido un autor atípico en las letras hispanas. A menudo se le ha comparado con Borges. Sin embargo, el escritor mallorquín se considera aún «más raro» que el literato argentino. «No soy un escritor realista, esto es obvio. Mis libros nacen de mis observaciones, mis creaciones y mis experiencias propias». El autor ha escrito: «Me sirvo del viaje imaginario para dar un informe placentero, aunque crítico, sobre los hombres. Para ocultar la melancolía no hay como cultivar la bagatela». «He seguido el orden cronológico para que el lector consiga tener una clara evidencia de cuáles han sido mis cambios más singulares», asegura este escritor de culto para muchos.

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