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Valentí Puig retrata a intelectuales y políticos en «Cent dies del mil·lenni»

ANDREU GOMILA - BARCELONA
A pesar de rechazar el término intelectual cuando se refiere a si mismo, Valentí Puig (Palma, 1949) sigue cultivando todos los géneros literarios "a excepción del teatro" y tomando posiciones sobre la cultura, la sociedad y la vida política que le rodea como «un conservador culto», como lo definió ayer el periodista Martí Gómez. «Cent dies del mil·lenni» (Edicions 62) es su última obra, un dietario que recoge algo más de los tres primeros meses del presente año.

En él, habla de José María Aznar, Baltasar Porcel, Josep Piqué, Jordi Pujol, George Bush, Duran i Lleida, historiadores catalanes como Antoni Vilanova y J.B. Culla y, muy especialmente, de Joan Maragall, de quien piensa que la cultura catalana ha sido «injusta» con él al limitar su presencia a la poesía , «sin tener en cuenta sus artículos en castellano», los cuales demuestran su carácter de «intelectual moderno», acreedor de «una Catalunya que necesitaba estar a la altura del rigor europeo». En «Cent dies del mil.lenni» entra «en el día a día de forma más explícita» que en sus anteriores volúmenes de género. Puig reafirma, siempre que puede, su punto de vista «conservador pero culto», a pesar de percibir como la reiterada muerte de las ideologías ofrece un panorama donde sólo hay «conservadores de derechas y conservadores de izquierdas».

Un periodista, durante la presentación, le hizo notar su moderación a la hora de hablar de personajes públicos, tanto de la política como de la cultura, en contraste con sus anteriores dietarios. El autor asumió que había dejado de decir alguna cosa, pero que no había escrito ninguna mentira. «Quizás es un error no hablar mal de nadie», añadió. Aunque sí critica a algún comentarista literario y al último y polémico biógrafo de Pío Baroja, Eduardo Gil Bera. Cree que las ideologías «tienen hoy poca fuerza, también en la literatura, cuando tu yo desaparece en la primera escena». Las ONG tampoco son santo de su devoción: «Tienen gente que podría hacer el bien al hombre de la esquina y, en cambio, se van al extranjero», asevera.

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