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Bofetada en el Calderón

El Mallorca decepciona en Madrid y encaja una dolorosa derrota ante el Atlético (3-0)

El delantero del Real Mallorca Emilio Nsué (c) pelea un balón con el centrocampista brasileño del Atlético de Madrid, Paulo Assunçao (d), durante el partido correspondiente a la decimonovena jornada de liga. | ZIPI

| Estadio Vicente Calderón |

La patada de De Guzman a Juanfran en el epílogo de la noche, con la derrota ya cocinada, refleja la impotencia de un equipo que quiso pero no pudo ante otro que goleó casi sin querer. El Mallorca desperdició la posibilidad de echar el lazo a la primera vuelta en puestos europeos después de una función extraña. Un duelo cargado de despropósitos que se decantó por la calidad en la definición. Y ahí, el Atlético goleó. Con un portero sublime y un jugón enorme como Reyes, el grupo colchonero se deshizo de su enemigo con una facilidad sonrojante. El conjunto balear pudo marcar al menos dos goles -De Gea detuvo un mano a mano a Pereira y un penalti a Webó- pero se fue de vacio y con tres en su equipaje (3-0).

La noche nació bajo un patrón más o menos previsible. Laudrup apostó por primera vez a domicilio por su traje más atrevido y dibujó dos puntas en la pizarra del vestuario. El técnico danés completó el diseño con Rubén y Joao Victor por los lesionados Ramis y Martí. Junto al brasileño se incrustó De Guzman, mientras que dejó las alas para Nsue y Pereira, dos tipos enrachados. La prolongación del discurso bermellón, que se derrumbó a los veinticinco minutos por la lesión de Víctor Casadesús, contrastó con la revolución local. Quique Flores liquidó, entre otros, a Raúl García, Filipe Luis, Juanfran... para dar entrada al debutante Elías -ni se le vio-, Fran Mérida y Tiago. Los movimientos no elevaron el ímpetu del equipo, que salió encogido, con un fútbol errático y plomizo.

El Mallorca, en cambio, avisó en el aperitivo de la cita y a los cuatro minutos ya había provocado los primeros pitos de la hinchada rojiblanca. A los dos, una galopada de Emilio Nsue concluyó con un centro raso que Víctor, a bocajarro y estorbado por un par de piernas, envió fuera. De inmediato, un balón largo a la carrera de De Guzman que abortó De Gea con el pie fuera del área. Con la grada en pie de guerra y un rival propenso a la ansiedad, el conjunto balear manejaba bien los tiempos.

Sólo los diálogos entre Reyes y Tiago provocaban inquietud en la zaga mallorquinista, por donde el Atlético encontró un aliado en Rubén. Hoy por hoy, la diferencia entre Ramis y Rubén es sideral. El pobler transmite tranquilidad y contundencia. El gallego, nervios e inseguridad con el balón en los pies.

De repente, casi sin querer, el Atlético se encontró con el gol. Un mal despeje de Rubén -cómo no- y la falta de contundencia de Kevin, provocaron un absurdo saque de esquina. Desde allí, Reyes metió un plátano que encontró la cabeza de Valera en el primer palo. Primer gol de estrategia que recibía el Mallorca en toda la temporada (min. 12).

Tras ese tanto, el control del partido pasó poco a poco a los pies de Tiago y Reyes, que desbordaron a Joao Victor y De Guzman. Para colmo, Víctor sufrió una lesión muscular y Castro, con la mente en otro sitio, se desperezaba para pisar el césped a los veinticinco minutos.

A la media hora se produjo una jugada que pudo alterar el destino de la noche. Pereira recibe dentro del área, se revuelve con clase, pero su disparo acaba en la rodilla derecha de De Gea cuando el banquillo balear ya celebraba el tanto. A continuación, un centro a Webó acaba siendo despejado, posiblemente con la mano, por un defensa atlético. Mientras el camerunés gritaba como un poseso tras Ayza Gamez, Rubén era incapaz de despejar el peligro. El regalo le llegó a Fran Mérida, que vio el desmarque de Forlán. El uruguayo, que apenas había generado noticias, dribló a Aouate para marcar a placer (min. 33). El descanso marcaba un resultado demasiado cruel.

Volvió enrabietado el Mallorca al tapete y casi recortó distancias a los cinco minutos de la reanudación. De Guzman probó fortuna con una falta escorada que obligó a De Gea a justificar su sueldo. Se trató de un espejismo. El segundo acto se convirtió en un duelo de despropósitos, con errores constantes, contras desperdiciadas por el Atlético, remates sin peligro del Mallorca...

Oportunidad
La noche bostezaba hasta que un pase picado de Pereira a Nsue acabó con el mallorquín en el suelo y Antonio López en la caseta. Penalti y expulsión. Webó asumió la responsabilidad, pero le pegó fatal -a la izquierda, flojo y a media altura- y De Gea encendió las calderas del Calderón. Fallar penalties comienza a convertirse en una tradición para el Mallorca.

En la última fase de la noche, el Mallorca lo rifó todo al ataque -retiró a Rubén para dar entrada a Cavenaghi- pero apenas encontró un chut a la parte externa del poste de Castro. Descuido su defensa y su futuro más inmediato. Encajó el tercer gol en el descuento, obra de Reyes, y perdió a De Guzman para el choque del Bernabéu por su expulsión en los estertores de la entrega.

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