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Fútbol/Real Mallorca

Crónica de una reacción

Gregorio Manzano logra cambiar el espíritu del Mallorca a base de psicología y un par de retoques

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Apeló al trabajo, y dio ejemplo nada más llegar, cuando después de irrumpir ante los medios de comunicación para ser presentado se puso el chándal y se marchó a la ciudad deportiva para conocer a su plantilla. Fue el primer día, porque al siguiente diseñó un duro plan de trabajo con doble sesión de entrenamiento. Incidió mucho en la defensa, trabajó con los jugadores y preparó lo mejor que pudo la cita ante el Málaga. Seis días más tarde, el Mallorca atrapaba un triunfo en La Rosaleda después de nueve jornadas sin ganar y dejaba una imagen para la esperanza, con un grupo muy sólido y una actitud muy positiva. ¿El efecto Manzano? Probablemente. El Mallorca mostró una versión diferente en Málaga. Actitud, entrega y convicción, palabras enterradas en los últimos tiempos, comparecieron de nuevo por el vestuario bermellón para satisfacción de una hinchada cansada de tantas frustraciones.

El juego mejoró de forma notable. Algunos futbolistas actuaron por encima de su nivel habitual, salieron de las tinieblas, y los fichajes de invierno formaron una columna vertebral novedosa que convoca a la esperanza. Tuvieron una mejor prestación y eso es una influencia directa del técnico jienense no, que les inyectó un carácter ganador. Pretendía el entrenador de Bailén mejorar al Mallorca desde la defensa, pero no hablaba precisamente de la pareja de centrales. Pidió a todo el bloque que se involucrara en el trabajo, que tapara la salida del balón. Desde los dos puntas. Y lo hicieron. Todo eso dio con un Mallorca que apenas tuvo problemas en defensa y que se hartó de disparar a puerta. Nada menos que doce chuts sellaron los isleños, una cifra impensable hace apenas una semana.

Pero no sólo mejoró en la línea de fondo. Manzano apostó por una pareja ofensiva inédita, Pisculichi-Arango, y el grupo balear mantuvo siempre al Málaga alejado de la disputa de los puntos. El venezolano lo intentó desde todas las formas, aunque sin demasiado tino en el remate, y el argentino no sólo marcó su segundo gol, sino que desquició a la zaga blanquiazul por su movilidad. También el trabajo de Basinas es para quitarse del sombrero. Después de varios meses en la celda de castigo, sin poder mostrar su talento, el griego alimentó a los dos puntas a la vez que recogía todos los balones en la sala de máquinas. Asistió aPiscu en la acción del 0-1 y se comportó con una sorprendente soltura teniendo en cuenta sus meses de inactividad. Su toque y visión de juego puso en marcha a sus compañeros. En corto y en largo, Basinas cargó con toda la responsabilidad.

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