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Mallorca B

El filial vuelve a resucitar lejos de Ciutat (0-3)

El once de Tomeu Llompart golea a una Balompédica totalmente descompuesta por sus problemas internos

0 BALOMPÉDICA LINENSE: Castilla (HH), Roberto (HH), Vale (-), Alberto Merino (-), David Rico (-), Dani Pérez (-), Adri (-), Nando (-), Ahumada (-), Abel Camacho (-) y Juan Carlos (-)
Cambios: Carlos Guerra (-) por Adri, Bezares (-) por Alberto Merino y Báez (-) por Vale.
3 MALLORCA: Alberto (-), Herrero (H), Miguel Sánchez (HH), Viale (H), Buades (HHH), Amate (HHH), Juanlu (HH), Roberto (HH), Güiza (HHH), Chando (HH), Toni González (H)
Cambios: Julio (-) por Toni González, José (-) por Güiza y Zarandona (-) por Roberto.
Àrbitro:
González Mateu (Valencia). (HHH) Casi perfecto. Amonestó a los locales Adri, Juan Carlos y Bezares y a los mallorquines Viale, Buades, así como a uno de los auxiliares del preparador.
Goles:
0-1, minuto 15, Güiza, desde la frontal del área.
0-2, minuto 43, Chando aprovecha un despiste defensivo.
0-3, minuto 54, Roberto culmina una jugada individual.
LO MEJOR: La imagen del filial
LO PEOR: Los locales

Rubén Almagro ÀREA 11
El Mallorca B goleó con toda justicia a una Balompédica descompuesta por sus problemas internos, y que en ningún momento planteó batalla al conjunto bermellón, al que le bastó el orden, la disciplina y el acierto ante el marco contrario para lograr los tres puntos.

Desde el pitido inicial fue patente el desconcierto del equipo de La Línea, mientras que los bermellones, con Amate y Roberto dominando en la zona media y Chando y Güiza inquietando arriba, mandaban en el tiempo del juego, aunque no creaban ocasiones. En el minuto quince, un zapatazo de Güiza desde la frontal del área se coló por la escuadra y el delantero incluso recibió los aplausos del público. Fue el gol que encarriló el partido para el equipo bermellón que, una vez más, confirmó que se desenvuelve mejor a domicilio que como local.

El partido siguió por los mismos derroteros, con un público callado, como el que es consciente de que está acudiendo al principio del fin de su equipo. Cuando los albinegros quisieron reaccionar e irse arriba, un balón perdido por Juan Carlos dio pie a un contragolpe que, solo ante Castilla, tradujo en gol Chando con enorme tranquilidad. El Mallorca disputaba un encuentro inacostumbradamente cómodo y era muy superior a un rival que apenas le inquietaba porque no creía en sus posibilidades. El Mallorca, sin embargo, tuvo la gran virtud de no confiarse y de seguir con la máxima concentración para que no se le escapara la ventaja.

Tras el descanso, Roberto, en una magnífica acción personal que contó con la colaboración de la pasividad de la zaga local, hizo el tercer gol y dejó el encuentro visto para sentencia. Después, los de casa intentaron inquietar el marcador, pero excepto un pase de la muerte del canterano Roberto que no encontró rematador, no se puede decir que creasen auténticas ocasiones de marcar ante un rival que se sabía sobrado para hacerse con el triunfo.

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