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Sydney 2000

Una jugada sospechosa destroza a la mejor España y alivia a Yugoslavia

Una polémica decisión arbitral rompe el partido y hunde a los de Lolo Sainz

65 ESPAÑA: Rodríguez (5), Herreros (16), Jiménez (5), Rogers (6), Dueñas (8) "cinco inicial", López (5), Garbajosa (2), De la Fuente (2), Reyes (14), Navarro (2) y Angulo (-).

78 YUGOSLAVIA: Obradovic (13), Danilovic (14), Stojakovic (7), Tarlac (6), Rebraca (10) "cinco inicial", Rakocevic (1), Bodiroga (11), Lukovski (-), Tomasevic (11), Scepanovic (2) y Jestratijevic (2) y Drobnjak (1).

ÀRBITROS: Brazauskas (LTU) e Ishida (JAP). Sin eliminados.

JORGE MUÑOZ - EFE
Una jugada cuanto menos sospechosa destrozó a la mejor España de baloncesto que se ha visto en los Juegos, a la España que hace del orgullo su bandera, a la que incluso en momentos tan duros como los que vive en Sydney fue capaz de mirar a los ojos de los campeones mundiales y ponerles contra las cuerdas. La selección española expió muchos pecados frente a Yugoslavia. Dejó salir a flote toda la furia contenida que llevaba dentro y jugó con la valentía que sólo la gente de carácter encuentran cuando todo parece perdido. Eso no le salvó de la derrota, pero sí rehabilitó la imagen de un equipo asaeteado por la rabia, que lo ha intentado y no ha podido.

España sigue en una situación desesperada. Todo lo que puede alcanzar es un puesto en cuartos de final para enfrentarse al ´Dream Team´ si el próximo lunes consigue derrotar a Australia y otros resultados se ponen de su parte. Si hubiera ganado a Yugoslavia podría haber sido hasta tercera de grupo. Ahora ya no. Sin embargo, la derrota frente a los ´plavi´ escoció menos que las anteriores. Perder como la selección española lo hizo ante los campeones del mundo entra dentro de las reglas del juego. Unas veces se gana y otras se pierde. Lo importante es darlo todo por la victoria, y en ese aspecto los hombres de Lolo Sainz cumplieron con creces. De hecho, la historia quizá hubiera sido otra de no terciar una decisión arbitral que hizo estallar los nervios del plantel español, indignado con el árbitro japonés Hidetoshi Ishida, cuyas intervenciones escamaron a más de uno mucho antes de que se produjera esa jugada.

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