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Madrid

La Guardia Civil desarticula un clan que robaba vehículos para venderlos en África

La operación ha permitido recuperar 57 vehículos robados en la región madrileña y que tenían como destino Marruecos, y otros cuatro coches de alta gama también sustraídos que utilizaban para su otra actividad: los atracos a farmacias. | Efe

| Madrid |

Un clan familiar, desarticulado en Madrid por la Guardia Civil, ganó al menos medio millón de euros con el robo de coches y furgonetas para venderlos en África, sobre todo en Marruecos, donde los introducían con el mismo número de matrícula de un vehículo que legalmente poseía el cabecilla de este grupo.

Ha sido la Sección de Delincuencia Organizada del Automóvil de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil quien ha logrado cortar la actividad ilícita de un padre, tres de sus cuatro hijos, un sobrino y otros tres colaboradores -todos ellos ya detenidos- que actuaban en la capital y en otras localidades de la Comunidad de Madrid.

La operación, denominada Mutala y de la que este viernes ha informado el instituto armado, ha permitido recuperar 57 vehículos robados en la región madrileña y que tenían como destino Marruecos, y otros cuatro coches de alta gama también sustraídos que utilizaban para su otra actividad: los atracos a farmacias.

Según han indicado fuentes de las investigación, las pesquisas comenzaron en septiembre de 2018 cuando los agentes se percataron de que por diferentes puertos pasaban furgonetas del mismo modelo, pero de distinto color y características y, sin embargo, con la misma matrícula.

El cabecilla del clan, de origen marroquí, era quien dirigía las operaciones y encargaba a su hijo mayor el robo de las furgonetas y coches que tuvieran buena salida en Marruecos. Y ponía condiciones: tenían que ser vehículos de las mismas marcas y modelos que los que ellos tenían legalmente.

De este modo, les resultaba más fácil falsificar los números de matrícula y los de bastidor -una labor que realizaba otro de los hijos-, pero, sobre todo, les facilitaba la salida de los coches por los puertos.

Además, el clan familiar, residente en el barrio periférico de San Fermín, aprovechaba la infraestructura y cobertura de las que disponía en Marruecos para vender los vehículos robados.

Con el pretexto de que iba a visitar a la familia y con la «seguridad» que le daba llevar un coche o furgoneta con la matrícula «legal», el cabecilla llegó a pasar dos vehículos a la semana.

Si no era él, otros miembros de la organización los introducían y se ganaban 1.000 euros por viaje y coche entregado. Ya tenían antecedentes de detenciones por intentar sacar de España vehículos sustraídos.

Tras robarlos y antes de trasladarlos a una finca de la localidad madrileña de Paracuellos del Jarama, los aparcaban en alguna calle y estaban atentos para comprobar si había alguna medida de vigilancia sobre ellos.

En esa finca y en un zulo practicado bajo tierra, el clan escondía los elementos necesarios para la falsificación, como troqueladoras, placas de matrícula de metacrilato y aluminio en blanco, punzones para falsificar números de bastidor, o copias de llaves (más de 60 hallaron los agentes).

La Guardia Civil resalta que solo el día en el que se ejecutó la operación, los agentes de la UCO recuperaron 25 vehículos robados que estaban aparcados en distintas calles de la capital y cinco de ellos tenían la misma matrícula.

Otros dos miembros de la familia, en concreto un tercer hijo del cabecilla y un sobrino, se dedicaban a la otra actividad que les reportaba también notables beneficios: el robo en farmacias.

Pero antes de perpetrar este delito, se hacían con vehículos de alta gama que robaban preferentemente en centros comerciales. Utilizaban para ello la tecnología más avanzada que les permitía llevárselos en poco menos de un minuto.

Estos dos miembros del clan elegían antes las farmacias donde iban a actuar. Se fijaban sobre todo si había cerca una gran vía de comunicación para poder escapar a gran velocidad, que tuviesen mucha afluencia de público y que contasen con una caja fuerte muy específica de la farmacias.

Hasta 20.000 euros llegaron a conseguir en alguna de esas cajas.

El recorrido lo hacían de día para comprobar todos esos extremos. Entraban en las farmacias, pedían cualquier medicamento cotidiano y aprovechaban para grabar con el móvil el establecimiento y la ubicación de la caja.

Con todo ello, planificaban el momento de actuar, lo que siempre hacían de noche, ocultos con gorras y pasamontañas. Previamente, habían dejado cerca un coche de los que robaban para huir.

Los investigadores creen que el clan podría haber conseguido más de medio millón de euros y sospechan que gran parte de los beneficios obtenidos han ido a parar a Marruecos.

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