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La Internacional Capitalista

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El próximo mes de mayo tendrá lugar en Madrid, con Díaz Ayuso como anfitriona oficiosa, el Europe Liberty Forum, de Atlas Network, una red de redes de agitadores ultracapitalistas, antiizquierdistas, antiecologistas, antiindigenistas, puntualmente, antifeministas y crecientemente antidemocráticos. Les une su fanatismo ultraliberal, que hace del libre mercado y la acumulación empresarial de capital su único dios. Para que se hagan una idea, en Atlas participan, entre otros, la Fundación Internacional para la Libertad, de Mario Vargas Llosa, Ecuador Libre, de Guillermo Lasso y la FAES de Aznar, y cuenta con el apoyo de gente como el argentino Milei (Atlas tiene gran penetración en Iberoamérica). Su objetivo consiste en avanzar en un programa global de privatizaciones, de desregulaciones, de apoyo a las multinacionales, de desmantelamiento del estado de bienestar, de derogación del derecho laboral y ambiental, de promoción de la desigualdad social, de intoxicación informativa, de desestabilización de democracias y, en definitiva, del advenimiento mundial del reino perpetuo de los ricos.
Como dice el refrán, «a reunión de pastores, oveja muerta». La existencia, fulgurante crecimiento y notable éxito de estos lobbies no son, claro está, una buena noticia para los trabajadores, que somos casi todos y todas, el famoso 99 %. Socialistas y comunistas soñaron en su día con una organización internacional de trabajadores donde la lealtad de clase estuviera por encima de la obediencia al estado-nación. Los diversos intentos fracasaron o languidecieron, pero, paradójicamente, es la gran burguesía quien está forjando su Internacional Capitalista al grito de «Capitalistas del mundo, uníos». Dispone de los medios, de una decidida voluntad y de tiempos propicios. «La batalla no es política, ni siquiera económica: es cultural. Es algo mucho más profundo de cambiar: ideas, valores y recuerdos», confesó el exministro chileno Ignacio de Posadas. Ya la gran madrina, Margaret Thatcher, había establecido que «la economía es sólo el método, de lo que se trata es de cambiar los corazones». Se entiende que se trata de cambiarlos hasta que se vuelvan definitivamente insensibles al dolor ajeno.

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