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Dos códigos para una vida

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Nacemos con una base genética, con un código, que recibimos de nuestros padres. Sus genes se mezclan para configurar nuestro código genético –el primer código–, que entre otras habilidades importantísimas –establecer el color de nuestros ojos, por ejemplo– va a determinar qué porcentaje de riesgo podría penalizar nuestra salud con el desarrollo de determinadas enfermedades, entre ellas algunos tipos de cáncer, no menos de un 15 % de todos ellos. La posición de la Sociedad Española de Oncología Médica no admite dudas: el cáncer más incidente en términos poblacionales, el colorrectal, y el más incidente en mujeres, el de mama, entran en esta categoría. También el de ovario y con riesgos quizá menores el de próstata –el más frecuente en hombres– y el melanoma. Dos síndromes de una relativa frecuencia agrupan cánceres de base genética, el de Lynch, cánceres colorrectal, de endometrio, ovario y vías urinarias, y el de Li-Fraumen, leucemias, linfomas y tumores cerebrales y de mama, ¿Cuál debe ser la actitud para convivir positivamente con esta realidad? Si en su familia directa en primer grado –madre, padre, hermana/o, hija/o– hay un antecedente de alguno de los cánceres antes citados, especialmente si su diagnóstico se ha realizado antes de los 50 años, consulte a una Unidad de Consejo Genético. La de las Islas Baleares, radicada en el Hospital Universitario de Son Espases, es lugar de referencia en nuestra Comunidad y está atendida por excelentes profesionales que le solventarán cualquier duda y le ayudarán a tomar buenas decisiones.

Un servidor vive acompañado, identificado por cinco números, he ahí algunos: 08022, 28033, 07014. Son los códigos postales –he ahí el segundo código– de los domicilios en los que he vivido o vivo, unos códigos que han condicionado mi vida. ¿Por qué? Un informe reciente de la AARP (American Association of Retired Persons), afirma que en los mejores barrios de las grandes ciudades y en los pueblos de más nivel social y económico, es más fácil el acceso a la atención de la salud, a la vivienda adecuada, a la alimentación sana y a los empleos estables, acceso que condiciona aspectos muy decisivos para la salud y en consecuencia la esperanza de vida de las personas. Un trabajo reciente de un grupo de investigadores de la Universidad de Almería (Martín Cervantes PA.: Int J Environ Res Public Health. 2019) lo reconfirma en la realidad española, absolutamente coincidente con la de los países de nuestro entorno (Kontis V.: Lancet. 2017). Esta situación de inequidad afecta a las personas a lo largo de toda su vida, especialmente en la mediana edad, cuando aumentan los riesgos de sufrir muchas enfermedades graves pero prevenibles, recortando a veces en plazos cercanos a los diez años su esperanza de vida. ¿Situación prevenible? Por supuesto. Hablemos de cáncer, aunque todo es también aplicable a enfermedades muy prevalentes y amenazantes, cardiocirculatorias, respiratorias o endocrinológicas. Sabemos que un 30 % de cánceres se relacionan causalmente con estilos de vida insanos, en especial tabaquismo, alcoholismo, exceso de sol o falta de ejercicio y alimentación tóxica. Sabemos que la mitad de los cánceres que sufrimos pueden ser evitados gracias a la prevención primaria –evitar la causa– o secundaria –diagnostico precoz– ¿Alcanza todo este potencial preventivo a toda la población? Me temo que no. La derivada de todo esto es muy clara y así lo proclama y denuncia la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en uno de sus últimos titulares: el cáncer es igual para todos, pero no todos somos iguales frente al cáncer. Es necesario un enorme trabajo educativo de la población, en especial de la juvenil, que es cuando se adquieren los hábitos de vida que van a caracterizar la conducta vital, simultaneándolo con acciones que hagan incómodo o no permitido fumar y que faciliten el acceso a la alimentación sana y al ejercicio físico; al mismo tiempo, hay un gran esfuerzo pendiente de completar para que los programas de diagnóstico precoz de los cánceres en los que es posible –colorrectal, mama femenina, cuello de útero, dentro de poco tiempo pulmón y próstata– rediseñados en base a la evidencia médica disponible, alcancen a toda la población susceptible, en una acción de enorme beneficio sanitario y extraordinaria eficiencia (coste / beneficio) para la Salud Pública. La AECC y el Govern balear, en un esfuerzo conjunto, están en ello.

En definitiva, estamos en condiciones de no seguir siendo sometidos al condicionante vital que estos dos códigos, el genético y el postal, han colgado de nuestra biografía. No es complicado, se trata solamente de que todos juntos hagamos lo que sabemos que tenemos que hacer para proteger nuestra salud y la de nuestros vecinos. Vamos a por ello, adelante.

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