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Escocia, Cataluña y la fallida España

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Escocia no va a independizarse de momento. La Gran Bretaña seguirá por tanto existiendo. Hasta la próxima. Porque tras ese resultado es seguro que más pronto que tarde los nacionalistas volverán a la carga. Y con el precedente de ejercicio de democracia, que al fin y al cabo esto es un referéndum como el vivido el pasado día 18 de septiembre en Escocia, difícil será que se niegue otra vez la posibilidad de que los escoceses “decidan”, tal y como dijo David Cameron, el primer ministro británico, democrático de boca y de hechos.

Por otro lado, por mucho que Mariano Rajoy celebre los resultados escoceses en clave española y catalana -¿no habíamos quedado que nada tenían que ver las dos situaciones?- su posición no queda muy realzada que digamos. Cameron le envió -a él y a todos los que le han criticado- un mensaje nítido y contundente: “no podía no dejar que se celebrase” el referéndum porque “la democracia” consiste “en escuchar” lo que la gente tiene que decir. Toma lección: de-mo-cra-cia. Ni más, ni menos.

Por mucho que fantaseen en Madrid, bajo ningún concepto y en ningún país del mundo es democrático impedir un referéndum pedido por la amplia mayoría de los miembros de un ente político para su territorio. Lo es canalizarlo, como ha hecho Cameron. Frustrar el deseo de votar de un pueblo nunca es ejercer la democracia, diga lo que digan las leyes, las cuales son cambiables, tantas veces como sea necesario. Las leyes no deben estar jamás por encima de la democracia, tal y como ha demostrado Cameron. Porque no es verdad, como dicen PP y PSOE, y tantos otros indocumentados, que el caso escocés sea diferente del catalán porque allí es legal el referéndum y aquí no. No. El tratado de Unión entre Escocia e Inglaterra sanciona la adición territorial “para siempre”. Que Cameron incumpla ese tratado a favor de la democracia da el perfil exacto del primer ministro británico: un demócrata. Que con la excusa legal y constitucional española Rajoy impida el referéndum catalán da el nivel exacto de la democracia española: bajo, muy bajo, desgraciadamente.

Aparte de esta evidencia, están muy equivocados por la Villa, Corte y Casta si se creen que con el resultado escocés, el pacto secreto con Mas -que según no pocos medios de Madrid está hecho- y la Constitución van a acabar con el tsunami independentista catalán. España es un país fallido, está carcomido por la corrupción desde su cúpula hasta amplias bases, se abusa de los más pobres, se roba en nombre de la élite a la clase media y le llaman “impuestos”, los ricos no pagan los ídem -ahí está el defraudador Botín para demostrarlo, loado como un gran empresario tras su muerte, aunque él y su familia tuvieron opacos a Hacienda más de 2.000 millones en Suiza durante décadas-, la política es una tomadura de pelo, el trabajo para muchos millones consiste en hacer honor a la definición marxista -obtener lo mínimo para poder seguir rindiendo para el capital- y es lo máximo que se puede alcanzar, la demagogia populista al estilo latinoamericano de Podemos es lo más cercano a una esperanza... En estas circunstancias la huida es la mejor de las opciones. Por eso lo que crean, digan y hagan en la Meseta tiene más bien poca importancia, si es que tiene alguna, para los millones de catalanes para los cuales crear un nuevo y propio Estado es la única salida tangible a su alcance.

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