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Siete días lejos de los muggles

La finca de s'Olivaret, en Alaró, acoge el Potter Camp

A lo largo de su estancia, los niños realizan actividades y juegos inspirados en el mundo de J. K. Rowling. | Pere Bergas

| Alaró |

Todo niño ha soñado alguna vez con recibir una carta de aceptación para el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Aunque ninguna lechuza ha entrado por su ventana ni ningún mensajero especial se haya plantado en su portal, más de treinta niños se han alejado del mundo de los muggles en el Potter Camp, campamento estival organizado por Peque Páginas y ambientado en el universo maravilloso de J. K. Rowling.

Una vez que pisan la finca de s'Olivaret, en Alaró, la ubicación escogida este año para la ambulante escuela de magia de Potter Camp, los pequeños, de entre 8 y 16 años, dejan de ser niños corrientes para convertirse en futuros magos y brujas.

Los niños y niñas celebraron el miércoles una yincana en Alaró.

Álvaro Pérez, Mark Alexander Ital, Gabriel Thibaut y Ángel Torres.

A su llegada, se celebra una ceremonia donde el mítico Sombrero Seleccionador les asigna una de las cuatro casas de Hogwarts. A partir de ese instante, en juegos y actividades como duelos de hechizos, yincanas en el pueblo o disputados partidos de Quidditch en la piscina, los alumnos compiten por ser la mejor casa del campamento. Asimismo, cada día realizan talleres de manualidades, en los que fabrican sus propias varitas o un personal ‘libro de los monstruos'.

Los jóvenes aprendices lucen capas y corbatas.

Participación

«Empecé a leer los libros hace tres años y no podía parar, me tenían súper enganchado. Después miraba las películas, pero los libros tienen más detalles», dice Mark Ital, a lo que Ángel Torres añade: «Lo que más me gusta de Harry Potter es la magia y como evolucionan los personajes». Al campamento también asisten niños de otras islas, e incluso de otros países, como es el caso de John Tokat, de Turquía. «Todo comenzó cuando mi madre y yo, después de mirar La Casa de Papel, pensamos en aprender español. Ahora miro la tele y Netflix en castellano. Mi madre pensó que era buena idea que siguiese aprendiendo el idioma con los nativos».

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