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Son Servera

Ultima Hora comprobará si se respeta el derecho de paso en la Costa dels Pins

Solicita a Socías que se informe a la Guardia Civil y a la seguridad privada de Pedro J. Ramírez del propósito de elaborar un reportaje en la polémica zona, especificando que no existe intención alguna de provocar incidentes

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Ultima Hora ha informado al delegado del Gobierno en Baleares, Ramon Socías, de que ejercerá en los próximos días el derecho de paso por el litoral de la Costa dels Pins, en el municipio de Son Servera. El objetivo de dicha visita es conocer si se respeta la suspensión del uso de la piscina y el solárium situados delante de la casa de la familia Ramírez-Ruiz de la Prada. A principios del mes de julio, reporteros de este diario penetraron en el recinto, previa comunicación a la Delegación, y pudieron comprobar cómo la piscina estaba vacía y las terrazas despejadas. Sin embargo, y a raíz de los incidentes del pasado día 13, cuando guardas jurados impidieron con violencia el paso a representantes políticos y sociales, pareció constatarse que la piscina había sido llenada de agua y aparecían tumbonas en el solárium.

El Ministerio de Medio Ambiente suspendió el uso público y no ha autorizado el privado, como recordó el pasado jueves en un comunicado oficial. Para comprobar la situación de la piscina, Ultima Hora se ha dirigido a la Delegación del Gobierno mediante un escrito registrado el pasado viernes en el que se explica que un equipo de periodistas se desplazará hasta la Costa dels Pins y accederá al litoral. El documento pide que «se informe a la Guardia Civil de la zona y, también, al gestor de la piscina pública, de que se ejercerá el derecho de paso por el dominio público, para que inste en todo caso a los propietarios del chalet anexo a no propiciar ni provocar situaciones o escenas de violencia como las registradas recientemente, ya que ésta no es en ningún caso la intención».

Sin embargo, el escrito remitido puntualiza que «en caso de que se haya restringido el derecho de paso por este lugar del dominio público -de lo que no tenemos constancia oficial- rogamos nos lo comuniquen a la mayor brevedad posible». El caso de la piscina de Pedro J. Ramírez ha tenido una gran repercusión en los medios de comunidad españoles. En un artículo firmado por José Manuel Ponte en La Nueva España de Oviedo, por ejemplo, se lee que «la capacidad de gritar y llamar la atención de este famoso periodista sólo es comparable a la de aquellas niñas de las aventuras de Guillermo Brown. Unas niñas de aspecto engañosamente candoroso que amenazaban con chillar, en un tono persistentemente alto y agudo, si no se les satisfacían sus caprichos», añade Ponte.

¿Por qué la piscina de Pedro J. Ramírez es un caso único?

La piscina de Pedro J. Ramírez es un caso único en el litoral español, como reconoció la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, el pasado mes de junio. Esto es así porque:

Es la única piscina española situada en el dominio público marítimo-terrestre que entorpece la servidumbre de tránsito y que ha recibido «cobertura legal». La Ley de Costas prohíbe expresamente que haya instalaciones como ésta. Ninguna otra piscina ha sido privilegiada con una concesión de uso desde 1988.

Los trámites para «legalizar» la piscina de Pedro J. Ramírez se hicieron de manera excepcionalmente rápida: sólo pasó medio año desde que la Dirección General del Ministerio de Medio Ambiente recibió la solicitud (30 de junio de 2000) y el momento en el que se firmó la concesión para «uso general, público y gratuito (23 de enero de 2001)», que nunca se ha cumplido.

Demarcación de Costas de Baleares realizó un informe en junio de 2000 en el que abogaba por demoler la piscina y convertirla en «zona ajardinada» para uso público. No se tuvo en cuenta.

El peticionario nunca presentó un proyecto que garantizara el derecho de paso y que regularizara el uso público de la zona. En los planos del proyecto tampoco aparecen delimitados los accesos públicos: al contrario, aparecen los muros que lo impiden. La Dirección General del Ministerio lo dio en su momento todo por bueno.

La concesión que regula el uso de la piscina nunca se ha publicado en el BOE, como exige la Ley de Costas. Al margen de otras consideraciones jurídicas, eso significa que la norma no puede obligar a aquellos que no la han podido conocer.

La persona que solicitó la concesión, la viuda del académico Joaquín Calvo Sotelo, pretendía que el Ministerio le renovara un permiso de uso privativo que le dieron en tiempos de Franco, y que en 2000 llevaba 17 años caducado. Pero sorprendentemente cuando se dirigió al Ministerio ya no era la propietaria de la casa situada detrás de la piscina, porque la había vendido a una sociedad administrada por Pedro J. Ramírez.

Pedro J. Ramírez inscribió en 1999 la piscina y la terraza situada en el dominio público como de su «propiedad» en el Registro de Manacor. Pero la piscina y la terraza ya habían sido formalmente rescatadas por el Estado, y no existía ninguna licencia o concesión que le permitiera inscribir aquella «propiedad».

En agosto de 2004 los escoltas de Pedro J. Ramírez negaron el paso y el uso de la piscina a Jaume Sastre. No tenían ningún derecho a hacerlo. No obstante, el Ministerio de Medio Ambiente archivó la denuncia de Sastre sin precisar el porqué. Esta decisión ha sido recurrida por el Lobby per la Independència.

En junio de 2005, el Ministerio suspendió el «uso público» de la instalación y dio un plazo de tres meses a Pedro J. Ramírez para que presentara un proyecto para hacerlo viable. Ramírez se convirtió así en «gestor de piscinas públicas», una figura legal más que dudosa en éste y en cualquier otro caso, porque viene a reconocer una transmisión presuntamente fraudulenta de los derechos de la concesión, cosa expresamente prohibida por la ley.

El Lobby per la Indepèndencia presentó un recurso contencioso-administrativo contra la concesión del año 2001, al entender que esta orden ministerial no se ajusta a derecho. El Tribunal Superior la ha aceptado a trámite. Mientras, la familia de Pedro J. Ramírez continúa exhibiéndose sin ningún rubor en las revistas de moda con «su» piscina.

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