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El difícil equilibrio entre animación y descanso vecinal

Entrada en el barrio de Santa Catalina por la Avenida Argentina. | Jaume Morey

| Palma |

Tras el desconfinamiento se ha disparado el ruido. «Los problemas se han disparado de forma exponencial. Pero no son solo las terrazas. También en muchas casas particulares o en la calle, donde se celebran fiestas», dice Óscar Rojas, representante en Palma del Sindicato Profesional de Policías Municipales en España (SPPN). «El problema es la respuesta que damos. No tenemos personal suficiente y este tipo de infracciones se ha disparado muchísimo. Las terrazas tienen que cerrar a las once de la noche pero no hay personal suficiente para vigilar», dice Rojas, que cree que habrá un refuerzo de la Policía. «Es normal que haya más quejas. Es un fenómeno que se ha extendido por toda Palma», señala.

Es palpable en Ciutat pero también en la Part Forana. Así se constata, por ejemplo, el pasado día de Sant Joan en Palma: las playas vacías pero a la una de la madrugada los bares están llenos y sus vecinos lo sufren. Una llamada a la Policía Local a esas horas revela la magnitud: «En estos momentos estamos atendiendo unos 50 servicios».

Desde la Policía Local de Palma advierten que «en la última quincena de junio durante el turno de noche, la Policía Local de Palma actuó en un total de 167 servicios relacionados con quejas por ruidos y por vecinos». Las mismas fuentes señalan que «las quejas por ruido son solo una parte de las actuaciones realizadas en estricto orden de prioridad y teniendo en cuenta la limitación de los recursos, ya que también se atienden asuntos relacionados con la violencia de género, delitos de daños, usurpaciones de vivienda, peleas, control de licencias, robos...».

La Policía Local de Palma se ha topado con un alza de molestias por ruidos, mientras atiende «cuestiones relacionadas con el tráfico en general, el civismo, el control de terrazas, la ocupación de vía pública y todas las acciones de distanciamiento social en espacios públicos, como playas, por ejemplo». Y advierten que «estas semanas han terminado las pruebas para incorporar 101 nuevos efectivos a la Policía Local de Palma, en unas oposiciones que se reactivaron durante el estado de alarma». Este refuerzo de seguridad llegará en breve y se hará notar.

María vive en una zona tranquila. Eso ha sido hasta ahora, cuando las terrazas se han expandido a los aparcamientos gracias a la nueva normalidad. «La calle en la que vivo, en el Eixample, hay un bar que tiene la terraza abierta hasta las cuatro de la mañana en el párking. Tenemos ruidos cada fin de semana y la Policía sólo pasa si hay una pelea», dice angustiada esta vecina que vive en una zona que está alejada del mapa del bullicio habitual, aunque el bar en concreto del que habla suele dar problemas. Como dice María, «parece que tienen más derecho a recuperar su economía los sectores más ligados al turismo. Apoyo esta recuperación pero ¿tiene que ser a costa de nuestra salud? ¿Por qué la peluquera no puede peinar en la calle? ¿ O las librerías poner un puesto fuera?».

La percepción de esta vecina se ha multiplicado en numerosos puntos de la ciudad. Las noches tropicales están aquí y las terrazas instaladas en aparcamientos para ayudar a la recuperación de la hostelería tras el confinamiento han provocado un incremento que quejas.

Los barrios de Canamunt, Santa Catalina o La Llojta son veteranos en este tipo de problemas, pero ahora se quejan de más ruidos aún. «Se ha llegado a la conflictividad social. Hemos sufrido insultos y coacciones», dice Jaume Herrero, presidente de la asociación de vecinos de La Llotja, que ahora se encuentra que en estrechos callejones se están colocando mesas en el exterior. «Estamos viendo un efecto rebote del ruido tras vivir dos meses en silencio. Es cierto que hemos vivido una luna de miel muy amarga», dice este vecino que además es sanitario y ha vivido en primera línea el coronavirus. «Cuando veo la aglomeración de gente en la plaça de la Drassana siento una gran indignación, parece que el coronavirus no ha existido. Parece que la salud está por detrás de la economía», se lamenta.

No es solo La Lonja o Canamunt. Cualquier barriada ahora es susceptible de padecer el ruido por las terrazas desconfinadas. Y es que Cort ha recibido un millar de peticiones de locales para ocupar plazas de aparcamiento

En Twitter, mientras tanto, la cuenta Terrazas a Raya (@rayaterrazas), y gracias a los vecinos, hace un seguimiento de aquellas que abusan. «Terrazas a Raya pone en evidencia la problemática de las ocupaciones de suelo público. Con la nueva situación que ha generado la pandemia, los problemas de movilidad peatonal, concentraciones de personas en calles residenciales y el ruido por incivismo se han acentuado.

La realidad es que ha habido una ocupación descontrolada de las zonas de parking y una mayor ocupación incluso de las aceras. Se echa en falta mucha voluntad municipal de corrección y control de estas ocupaciones excesivas para que no acaben generando o consolidando un problema grave de convivencia en los barrios». Tras el confinamiento, ahora viene el insomnio.

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