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La cara y la cruz del «todo incluido»

En los dos últimos años se ha incrementado este tipo de oferta en las Islas hasta rondar el 20% de los establecimientos El Govern tiene registrados cerca de 200 hoteles que ofrecen sus servicios con «todo incluido» y aplica controles de calidad

L.T.
La posibilidad de contratar unas vacaciones en un establecimiento turístico bajo la modalidad del «todo incluido» atrae cada vez más a nuestros visitantes, lo que ha provocado una gran preocupación en el sector de la oferta complementaria, sobre todo en el de la restauración.

Este sistema, implantado desde hace años en el Caribe, se abre paso con fuerza en Balears, donde el Govern tiene registrados ya cerca de 200 establecimientos bajo esta modalidad.

Contratar unas vacaciones bajo la modalidad del «todo incluido» permite al cliente disponer de todos los servicios del hotel, comidas y bebidas incluídas, sin límite ni costes añadidos, con la única exigencia de portar una pulsera identificativa durante toda la estancia y desde el mismo instante en que el cliente se registra en el hotel.

Evidentemente, no es lo mismo contratar las vacaciones en un «todo incluido» de dos estrellas que hacerlo en uno de cuatro, pero el cliente tiene siempre derecho a un servicio acorde con el precio que está pagando, y desde luego nunca se debe escatimar en higiene ni en unos niveles mínimos de calidad.

A raíz de una denuncia recibida en la redacción de Ultima Horapor parte de un ciudadano residente en las Islas que contrató una semana en un hotel de «todo incluido» de dos estrellas -asegura que en Internet ese hotel aparece como de tres estrellas- en Mallorca, este periódico quiso comprobar in situ cómo disfruta, o padece, cualquier turista que decida pasar así su paréntesis vacacional en la Isla. Según la denuncia recibida, en ese hotel no se cumplían las normas mínimas de higiene, la comida era de pésima calidad y la atención a los clientes, nula. Nuestro reportero no tuvo la misma percepción, aunque su estancia en ese mismo hotel tampoco le resultó placentera.

Son dos visiones distinas, aunque no opuestas, de una misma experiencia vivida desde perspectivas diferentes en función del grado de exigencia que plantea cada cliente.

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