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«Me despertó una gran explosión, fue horrible»

La periodista mallorquina Joana Adrover vivió en Atocha, donde reside, la dantesca tragedia

P.P./P.C./M.J./J.S
Joana Adrover, mallorquina, trabaja en Televisión Española y Catalunya Ràdio. «Me despertó una gran explosión», nos decía ayer mientras recordaba lo que había vivido a primeras horas de la mañana cuando, desde su casa, oyó las primeras explosiones. Esta corresponsal pudo ver en directo todo el caos y la angustia que se vivía ayer en Madrid, donde los ciudadanos como Joana se encontraban sumergidos entre la conmoción por el suceso y, también, la solidaridad con las víctimas.

Joana Adrover es de Alcúdia y vive en Madrid, donde es una periodista en prácticas que vivió las consecuencias de la barbarie muy de cerca: «Me despertó un gran impacto, seguido de otro. Me asomé al balcón de casa, vi una gran humareda y, a continuación, un ensordecedor número de sirenas se oía desde todas partes», relata, sin creer aún lo que ha sucedido. Joana cuenta que hace cuatro días se mudó de piso, en el que vive con otras tres personas, «para instalarnos en uno al lado de la estación de Atocha». Allí fue donde ocurrió la tragedia, en una zona vital de comunicaciones del centro de la capital, justo al lado del Ministerio de Agricultura, del Jardín Botánico, y nada lejos del Museo del Prado, de las Cortes, del Museo Thyssen.

De ahí que Joana viviera prácticamente toda la tragedia desde sus comienzos. Recuerda que miró el reloj y que eran las 07.35 de la mañana: «Nos vestimos deprisa y nos fuimos a la calle. Delante de la estación había una cola muy larga de ambulancias, como la que a veces forman los taxis, pero de ambulancias. Se veían muchos policías, coches de bomberos y a la gente yendo y viniendo de un lugar a otro. Era, ¿cómo te lo explicaría?, el caos. Cuando me quise dar cuenta, la estación y sus alrededores estaban cercados, no se podía pasar, pero la gente seguía llegando cada vez en mayor número. Alguien nos dijo que habían cerrado el metro, y que los trenes de cercanías estaban todos parados. Vi también gente salir, llorando, y otros corriendo».
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