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Nueva intervención en Son Boter para restaurar los 'grafitti' de Joan Miró

Los dibujos sufren problemas de humedad y las intervenciones realizadas no han arreglado la situación

Gemma Barreda, Jean Marc Stauffs, Maria Luisa Lax y Eudald Guillamet, en una sala de Son Boter. Foto: SEBASTIÀ AMENGUAL

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La possessió de Son Boter, taller de Joan Miró cuyas paredes albergan dibujos a carboncillo del autor, se encuentra otra vez en proceso de restauración. Los grafitos sufren problemas de climatización y humedad desde hace veinticinco años y las intervenciones hechas en los ochenta no han arreglado la situación. El proyecto actual, que coordina el restaurador Eudald Guillamet, pretende realizar la deshumidificación y fijación permanente de los muros y pinturas afectados.

«La cueva de Altamira del arte contemporáneo», como la denomina Guillamet, «sufre, sobre todo en la parte baja de las paredes, un gran riesgo de pérdida por escamaciones y desprendimientos causados por la humedad por capilaridad». El experto en pinturas rupestres añade que «la presión hace que la humedad ascienda por microcanales. Este agua viene cargada de sales que, al cristalizar en la superficie, producen eflorescencias y alteraciones». Este proceso que explica Guillamet es común en casas antiguas. De hecho, Miró ya dibujó en zonas que sufrían desprendimientos en los muros.

Sobre la intervención realizada en los años ochenta por un equipo del Instituto Central de Restauración de Madrid, Guillamet afirma que fue «defectuosa» y afirma que «causó más problemas que soluciones». Entonces se llevó a cabo un cableado dentro de los muros, técnica denominada como electroforesis, que reconduce la humedad hacia abajo. «Posteriormente, se recubrió esta actuación con un mortero de cemento que impidió la evaporación y causó todavía una menor impermeabilización». Para paliar esta situación, en el 2000, el equipo de Guillamet ya sustituyó el cemento por un mortero de cal provisional, llamado por los expertos de sacrificio, que permite recuperar la evaporación y que ahora acabará siendo sustituido por otro definitivo. Además, hace un año se instaló en Son Boter, para una mayor conservación ambiental, una puerta confeccionada en vidrio reflectante con una estructura mínima.

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