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Sebastià Aguiló: «Si se perdiera la naranja, Sóller perdería mucho de su identidad e idiosincrasia»

Durante todo el fin de semana Sóller se llenará con su fruto más conocido, la naranja, que protagoniza la Fira que comenta el regidor de Promoció Econòmica i Turisme Sebastià Aguiló.

El regidor de Promoció Econòmica i Turisme, Sebastià Aguiló. | I.C.

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La Fira de la Taronja llega a Sóller este fin de semana. La cita se consolida como un punto de referencia cultural y gastronómico para la localidad y sus actos son unos de los más esperados del año. El regidor de Promoció Econòmica i Turisme del Ajuntament de Sóller, Sebastià Aguiló, presenta una nueva edición llena de interés.

–¿Cual es la importancia actual de esta Fira de la Taronja?

–En cuanto a promoción económica del municipio, sin duda es la cita más importante del año. El programa de actos no deja de aumentar con cada edición, al igual que la participación y el interés de vecinos y visitantes. Cada vez son más personas las que conocen nuestra Fira y ya casi podemos dejar de hablar de un evento consolidado para referirnos a él como un clásico entre todos los que se celebran en la Isla.

La localidad vuelve a volcarse en su famosa naranja.

–¿En qué se traduce este interés popular?

–Principalmente por ese aumento de participación al que me refería, que no hace sino crecer cada año, pero también con el propio interés de personas y colectivos que quieren formar parte de la Fira y que ya desde varios meses antes están interesándose por los preparativos.

–Este año destacan además dos nombres propios en el programa, ¿verdad?

–Si, son nuestra padrina de este año, Sebastiana Massanet Borràs, encargada del pregón y el cocinero Antoni Pinya i Florit, que recibirá la Taronja d’Or. Ambos se han destacado en la difusión de la riqueza cultural y natural que Sóller tiene la suerte de disfrutar.

–La naranja es el centro de esta celebración, pero ¿qué significa exactamente para los sollerics?

–La naranja es un producto que marca nuestro paisaje y gran parte de nuestra relación con la naturaleza. Pero además es un motor económico. Mantenerla y difundirla ha provocado que, por ejemplo, muchos jóvenes vuelvan a la tierra y vean el cultivo como una actividad viable. Si se perdiera la naranja de Sóller se perdería mucho de nuestra identidad e idiosincracia.

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